EL LIBRO DE LOS ARCOIRIS
Siempre tuve la convicción, desde muy niño, de que cada libro tiene un color particular, un olor y un sabor, una textura y una atmósfera que lo identifican y lo distinguen de raíz de otro libro cualquiera, sea o no literario. Hay libros que huelen a musgo o a nogal, otros huelen, en cambio, a carteles de neón, a luz de ciudad, a vértigo y asfalto. Existen algunos que tienen textura de algodón, de suave, sedosa y purpúrea muselina, y son atractivos, cálidos, crujientes como el hojaldre gaseoso de las nubes en las delicadas tardes de septiembre. Es verdad que uno encuentra libros que son dulces, que te alegran la vida haciéndote más sabio, pero, en cambio, otras veces, hallas libros sombríos, disonantes y brumosos, trágicos y amargos como la lluvia que rompe su camisa de dolor y humedad encima de las zarzas.
Hay libros, ya digo, de índole distinta, de olores, sabores y texturas diferentes, y éste de César Reyes López huele a cielo cubierto por un arco iris delicioso que, al mirarlo y leerlo, nos endulza las pupilas y deja un frescor de hinojo en las entrañas. Digo todo esto porque aquí, en esta obra de reflexiones, poemas y aforismos, que uno tiene en la mano halla colores deliciosos que nos iluminan y ensanchan el espíritu. Podríamos decir, y hay quien lo pensará, que este libro bellísimo es uno de esos de autoayuda desde hace unos años tan de moda aquí, en España, que, en muchísimos casos, llegan a ser bestsellers. Sin embargo, gracias a Dios es otra cosa, pues no ha sido escrito –y el lector lo palpa pronto- con la mirada puesta en hacer caja, sino con los ojos puestos de puntillas y el corazón cosido de cerezas, de amaneceres y auroras boreales. César Reyes López ha escrito un libro de poemas o reflexiones poéticas admirable, pues cuando buceas dentro de sus páginas acabas hallando frases milagrosas, versos de oro pintados con los dedos de vainilla y el corazón rebosando de inocencia: “Muestra tu mundo en la calle –escribe César en uno de sus momentos reflexivos-/ y grita, provoca tormentas…/ sé brisa, enredadera…/ Y vuelve loco al futuro/ doblando sábanas de tiempo.” Quien escribe unas líneas, unos versos como estos, es un hombre-poeta con los ojos traspasados por un niño asombrado que mira el resplandor de un arcoíris flotando en el crepúsculo. El autor de este libro nos muestra y nos regala manojos de versos cargados de optimismo, de sensibilidad, de límpida ternura. César Reyes López es un hombre puro y bueno en el mejor sentido machadiano que recoge en el aire risas, abrazos, despedidas, miradas de amor, sonrisas melancólicas, sonidos impregnados de lírica esperanza. Leer esta obra poética es andar con los pies suspendidos en la yedra de un milagro, de una gozosa epifanía de pájaros que, en mitad del invierno, arrastran la dulzura y el feliz resplandor de un día de primavera.
En los versos entrañables de César Reyes López uno oye a lo lejos la música del mar rompiendo su espuma agridulce entre las rocas y los acantilados de la vida. Su poesía abre huecos de espuma en la existencia y pone en lo amargo un poso de dulzura que nos ayuda a mirar con optimismo los días que vendrán, después de un negro invierno que la voz del poeta hace más dulce y grato vistiendo de verde los árboles desnudos. No en balde este libro es un manojo de arco iris que regala su autor a los lectores de sus versos que en ellos se adentran con los ojos asombrados, sintiendo que van despojándose de odio, de amargura y rencor, de tristeza y pesadumbre, porque la voz poética de César, como un buen alquimista que es de la palabra, transforma lo oscuro y fúnebre en dulzura, en alegría, esperanza y optimismo, como cuando nos dice en unos versos: “Porque mañana hay que salir de nuevo,/ y entre las nubes o la tormenta,/ hay que salir a brillar…/ Siempre a brillar./ Brillemos”. Delicioso poema para transitar la bruma y el frío de la vida con los ojos cincelados por el delicioso buril de un arcoíris en el que hallamos ternura y alegría para combatir las penas que, en la tarde del corazón, deja el temblor de la tormenta que tantas veces estalla en nuestras almas. Atravesamos días turbios y grises, momentos de incertidumbre, de vacío, de zozobra anímica y angustia existencial, inmersos en una sociedad cerril, egoísta, falta de amor y ternura, de inocencia, de fe en otra vida más alta y luminosa que vendrá tras la muerte. Vivimos en un mundo banal, materialista, falto de ética, huérfano de Dios, donde el hombre ha cercenado la palabra amor, la entrega a los demás, a los derrotados, a los pobres y los humildes. Por eso este libro de César Reyes López es para el lector un bálsamo de luz, un fogonazo sutil de claridades, de amaneceres, un manojo de arco iris que nos ayuda a mirar sin miedo alguno, con honda esperanza, los días que vendrán, deshaciendo con fe las sombras del presente, las nubes lentas y sombrías de un futuro que en los versos de César brilla como un astro.
Alejandro López Andrada 10 de marzo, 2023
